¿El niño levanta la vista, se gira o reacciona cuando le llamas por su nombre? Prueba a hacerlo al llegar o al pasar lista. Acepta respuestas en cualquier idioma.
Señala una foto de clase o un espejo. ¿Señala o se nombra a sí mismo? Vale con señalar o hacer un gesto.
Mientras canta canciones como «Cabeza, hombros, rodillas, pies» o se lava las manos, ¿señala el niño las partes del cuerpo? Se acepta en cualquier idioma.
¿El niño anticipa lo que va a pasar a continuación? (p. ej., coge la fiambrera a la hora de comer, va a su taquilla al salir del colegio). Demuestra capacidad de memoria y de secuenciación.
Da una instrucción sencilla, como «Pon el bloque aquí» o «Siéntate». ¿La sigue el niño? Prueba en ambos idiomas y fíjate a cuál responde el niño.
¿El niño señala, saluda con la mano, asiente con la cabeza o utiliza alguna palabra en inglés para expresar sus necesidades o ideas? Basta con una sola palabra en inglés o una aproximación.
¿El niño o la niña sabe turnarse en una conversación, aunque sea un breve intercambio con un compañero o un adulto? Se tiene en cuenta cualquier idioma, incluidas las respuestas en varios idiomas.
¿Utiliza el niño alguna palabra en inglés para nombrar objetos del aula, acciones o personas? (p. ej., «agua», «sentarse», «libro»). Incluso las aproximaciones cuentan. Anote las palabras concretas que observe y regístrelas en español si se utiliza el equivalente en español en su lugar.
¿Es capaz el niño de seguir dos instrucciones relacionadas entre sí sin que se le recuerde lo que debe hacer entre una y otra? (Por ejemplo: «Coge tu esterilla y siéntate»). Esto también refleja la memoria de trabajo; fíjate en el lenguaje utilizado en la instrucción.
¿Coge el niño el libro con la portada hacia arriba? ¿Pasa las páginas (aunque sea de forma imperfecta)? Esto demuestra que comprende que los libros tienen una orientación y una secuencia.
¿Mira el niño las imágenes, señala algo o reacciona ante lo que ve? ¿Sigue con la mirada al lector mientras este lee la página? La mirada y el hecho de señalar son indicativos.
¿Es capaz el niño de encontrar su nombre en la etiqueta de su taquilla, en la hoja de asistencia o en la tarjeta con su nombre? ¿Reconoce los símbolos del aula (el letrero del baño, la señal de «stop»)? Se suman los puntos cada vez que señala o coge su tarjeta.
Durante la lectura compartida, ¿recorre el niño con el dedo o con la mirada una línea de texto de izquierda a derecha? ¿Señala el niño el punto en el que «empieza» la lectura en una página? Incluso los primeros intentos de seguimiento cuentan. Utiliza un puntero durante la lectura en voz alta para observarlo.
¿El niño tararea, canta o repite frases de canciones que conoce (en cualquier idioma)? Basta con que repita solo una parte o tararee la melodía.
¿Se ríe el niño cuando oye palabras que riman, completa una rima o inventa sonidos graciosos? Fíjate en si le divierten los juegos de palabras: que se ría con «gato/murciélago/sombrero» ya cuenta.
Durante los juegos de nombres o las canciones con palmas, ¿el niño da golpecitos o aplaude al ritmo de las sílabas? Prueba con «Ma-ri-a» (palmada-palmada-palmada). Los intentos aproximados cuentan: fíjate en si intenta seguir el ritmo de forma intencionada.
¿Se da cuenta el niño de las palabras que empiezan con el mismo sonido o reacciona ante ellas? (p. ej., se ríe al oír «serpientes tontas»). ¿Intenta decir una palabra que empiece con un sonido concreto cuando se le anima a hacerlo? Conciencia incipiente: cualquier reacción ante los sonidos iniciales cuenta.
¿El niño participa en una actividad después de que tú lo invites o lo guíes con delicadeza? Esto se considera participación, incluso cuando necesita ayuda para empezar.
¿Se une el niño por iniciativa propia a la hora del círculo, a un juego o a una actividad en grupo sin que un adulto se lo pida? La iniciativa propia es el indicador clave en este caso.
¿El niño se mantiene concentrado en un rompecabezas, un libro, un dibujo o una actividad sensorial durante al menos dos minutos seguidos sin distraerse ni necesitar que se le vuelva a orientar? Este es un indicador de la regulación de la atención. Tenga en cuenta el tipo de actividad: cuentan las tareas que le despiertan interés.
Cuando se le avisa con dos minutos de antelación o se le da una señal de transición, ¿deja el niño la actividad en curso y pasa a la siguiente sin protestar demasiado ni tener una crisis? No pasa nada si las transiciones son lentas: el niño se recupera y obedece. Esto refleja control inhibitorio y autorregulación.
Durante los juegos, la merienda o cuando se comparten materiales, ¿espera el niño cuando se le pide —aunque sea un momento— antes de coger algo o actuar? ¿Es capaz de posponer un deseo (por ejemplo, querer un juguete que tiene otra persona)? El control de los impulsos a esta edad es breve; incluso esperar entre 15 y 30 segundos ya es significativo.